Desde que en 2012, durante aquella fatal expedición invernal al GI (8.080m), se me congelaron los dedos de los pies, el mero hecho de calzarme los pies de gato se convirtió en una verdadera tortura, algo que irremediablemente me ha alejado de la escalada deportiva a lo largo de todo este tiempo. Es por eso que haber encadenado la mítica ‘Sonata’ (7c) en Korea (Araotz) representa para mí algo así como la culminación de esta particular historia de autosuperación.

Reconozco que de haber hecho caso a los consejos médicos que desde el principio me hablaban de un año de reposo e inactividad, la recuperación hubiera sido muy probablemente más rápida y completa, pero de qué sirve ahora lamentarse.

Bien es cierto que la intervención y posterior tratamiento pautado a principios de Mayo por el doctor Alberto Gorrochategui y su equipo de la Clínica Dermatológica Ercilla supuso un punto de inflexión importante y la mejora ha sido considerable.

Así, con mucho empeño, altas dosis de cabezonería y, sobre todo, el inestimable apoyo de mis compañeros, de alguna manera me he reencontrado con la roca durante estos últimos meses y la progresión ha sido muy satisfactoria. El 11 de Agosto encadenaba ‘Agur’ (7a); el 5 de Octubre, tras la expedición estival al Thalay Sagar, recuperaba el tono y hacía lo propio con ‘Happy Forty’ (7b).

Y, ahora, como os comentaba, culmino mi particular historia de superación encadenando ‘Sonata’ (7c). Aunque sabedor de que no supone una gran hazaña en un sector como Korea donde habitualmente se ejercitan escaladores de primera, la satisfacción para mí es plena. Gracias a todos los que me habéis ayudado.

Satisfacción plena tras encadenar ‘Sonata’ (7c), 14 de Octubre.