CRÓNICA: Ascensión invernal al Ama Dablam

De todo lo vivido hasta ahora, la cumbre es lo menos importante. Durante la semana de trekking para llegar hasta aquí, hemos disfrutado de un paisaje precioso, con nieve en cotas bajas y, lo más excepcional de todo, en soledad. Aunque el valle del Khumbu es una de las zonas más visitadas de Nepal, apenas nos cruzábamos con extranjeros como nosotros. Creo que esto es clave: no debemos olvidar que somos meros invitados a Nepal. Una vez en el Campo Base, la expedición ha ido pasando por diversas fases. Mientras, el grupo de Amiab emprendió camino hacia el Campo Base del Everest, que alcanzó dos días más tarde, cumpliendo un objetivo muy meritorio. Los chicos están de vuelta en Katmandú, disfrutando de un merecido descanso.

Celebramos la puya el día 20. Como nuestro compañero Temba es lama, fue una ceremonia preciosa. El día 21 arrancamos hacia el Campo 1, ubicado a unos 5.800 metros, pero el viento tiene sus propias intenciones: no nos dejaba mantenernos en pie, y mucho menos avanzar. Pasamos una noche muy, muy dura en el Campo Base Avanzado, sin poder dormir un segundo, soportando viento de más de 100km/hora. Sin embargo, no tiramos la toalla y pudimos continuar hasta el Campo 1, ya que la ruta no presenta dificultad técnica. Tampoco había nieve en aquel tramo; apenas encontramos pequeños neveros donde poder coger nieve para derretir. Por la mañana, Jonathan se quedó en la tienda y Cheppal y yo continuamos hasta el Campo 2, a 6050mt, cargados con 30kg de material a la espalda cada uno que dejamos allí, y luego regresamos a dormir al Campo 1. .A la mañana siguiente salimos ya todos juntos hacia el Campo 2, disfrutando de las vistas, de la soledad y de la hermosura del invierno, ya que nos brinda la oportunidad de admirar el Ama Dablam, una de las montañas más bellas del planeta, en su estado puro. Desde el Campo 2, ya en el asalto a cima, seguiríamos equipando la ruta, hasta la misma cumbre: en nuestro equipo hay personas con menos experiencia y no renunciamos a escribir un segundo capítulo de esta crónica junto a ellos. Por si el tiempo lo permite, he dejado todo mi equipo en el Campo 1 y espero poder ayudar a mis compañeros en todo lo que pueda en estos cinco días que quedan antes de que nos “mudemos” al Everest.

El día de cumbre, 25 de enero, fue duro. Demasiado duro, la verdad. El Ama Dablam no nos lo puso nada fácil: en dos ocasiones estuvimos a punto de darnos la vuelta, pero habíamos trazado el ataque minuciosamente en los días previos, y no queríamos perder la oportunidad. No sé mucho de líderes, pero sí sé que un buen compañero de expedición estudia minuciosamente la ascensión y no descansa un solo segundo. Me fijo cada día en qué come cada uno, cuándo van al baño, cuanto orina cada uno. Venimos con la intención de trabajar y aclimatar y por ello vamos con el equipo justo: sólo un par de calcetines cada uno, los guantes deshilachados que utilizamos para equipar, sin botiquín… Ahora la conciencia me pesa demasiado.

Por el contrario, mi reloj Garmin ha sido un gran compañero: nos daba datos de saturación de O2 y frecuencia cardiaca, se ha tirado semanas sin recargar las baterías y ha aguantado hasta mi llegada a Campo Base. Además, los días que las apneas o taquicardias afloraban, los datos del Fenix6 nos mostraban nuestro estado real, no lo que nos gritaba nuestra mente.

Gracias a todo ello, el día 25 a las 3am pusimos los infernillos en marcha en una gélida noche a 35 grados bajo cero, con viento muy fuerte, y nos preparamos para salir. El viento parecía excesivo para salir, y lo cierto es que podríamos haber esperado hasta las 7am, tal y como Jonatan sugería insistentemente, pero si queremos sobrevivir al Everest hay que medirse antes con estas condiciones. En entornos tan duros, tienes que medirte y conocer bien tus opciones.

Álvaro Sanz, un compañero de la expedición y fotógrafo, me ha dicho que está convencido de que yo siempre me guardo un as en la manga. No sé si será así, pero siempre, siempre pienso primero en mis compañeros. El viento es tan fuerte y frío que temo, primero, por mis amigos y después, por mi nariz. Aguantamos el primer envite a pesar de ir cargados y equipando. Kalden, Pasang, Cheppal y Jonatan lo están haciendo de maravilla. Llegamos a una rimaya que en principio parece infranqueable. Está tan abierta que parece no acabar nunca, pero al final encontramos un resquicio por donde pasar. Las horas se suceden y nosotros avanzamos lentamente. De vez en cuando tengo que cerrar los ojos para protegerlos del viento helado que nos pega de frente. Ya no disfruto. Empiezo a pensar que esto es demasiado duro, que no…

… Entonces miro al cielo. ¡Qué hermosura, qué noche tan estrellada! En el abismo se ven las luces de ladeas como Kunde, la zona alta de Namche Bazaar… El amanecer es aún más bonito, pero nuestras mentes ya casi no son capaces de apreciar la belleza. Antes de salir de casa uno hace miles elucubraciones sobre lo que va a sentir y cómo va a ser la escalada; pero luego la naturaleza impone sus normas. A 6500 metros sentimos que nos falta un mundo; el Ama Dablam es una montaña técnica y muy vertical que no nos da respiro alguno, y menos aún al ir equipando. Nos turnamos en cada largo y los tiempos de espera en las reuniones son agónicos. El sufrimiento es cruel, pero si de verdad te gusta eso que haces, todo es soportable allí arriba. Desde el Campo Base nos llegan palabras de ánimo. Y con ese aliento, tras seis o siete horas, finalmente alcanzamos la cumbre del del Ama Dablam: Kalden, Pasang, Cheppal, Jonatan y yo.

Reflexionando, ahora pienso que la noticia de cumbre debería empezar diciendo: “Kalden Sherpa, de Pengboche, escala por decimoquinta vez el Ama Dablam, acompañado por…” Supongo que por desgracia esto no va a ser así, pero al menos tengo la ocasión de expresar aquí mi profunda admiración hacia mis cuatro compañeros que lo han dado todo y han creído en mí. Espero no haberles fallado. También, cómo no, quiero agradecer sinceramente su apoyo al resto del equipo. Y no olvidemos a temba, que desde que hablé con él a las 4.15.a.m, estuvo toda la noche rezando oraciones budistas, mientras se paseaba por el campo base a veintitantos bajo cero.

Ya de vuelta al Campo Base, cuando he ido a darle las gracias, me ha dicho que a él no tengo por qué dárselas porque es budista y las oraciones son su aportación, pero estoy seguro de que sus rezos tuvieron algo que ver con nuestro éxito.

Al final del día, llegamos a la “verdadera cumbre”, es decir, de vuelta al Campo Base, unas 5 horas después de la cima Pasang y yo, mientras que Cheppal, Jonatan y Kalden llegaron cuatro horas más tarde.

Ya en casa, todo es diferente. Nuestros amigos nos recibieron con una calurosa bienvenida y una celebración emotiva. Me siento contento, pero espero que el resto del equipo pueda tener su oportunidad. Hemos hecho un trabajo durísimo equipando la montaña, hemos sufrido, pero también lo hemos disfrutado.

Buscando un recuerdo imborrable de aquel día, creo que, en total, en los 6812m (o 6.858m) de la cumbre apenas estuvimos 30 minutos, pero los disfruté como si fueran mis últimos momentos en la Tierra. Desde allí arriba no podía dejar de admirar el panorama de montañas que se abría ante mí de Este a Oeste: Kanchenjunga, Jannu, Makalu, Lhotse, Everest, Pumori, Shisha Pangma, Tawoche, Cholatse, y cientos de montañas de 6000 y 7000 metros. Espero que veáis las imágenes y videos que grabé porque es imposible describir con palabras esa preciosidad. Una vez más, la naturaleza me sobrecoge y Nepal y su gente me sigue sorprendiendo.


25/01/2020 ¡Cumbre en el Ama Dablam!

Alex Txikon, Jonatan García, Pasang Sherpa, Cheppal Sherpa y Kalden Sherpa han hecho cima en el Ama Dablam (6.858m) hoy a las 10:15am, hora local. Ha sido una ascensión dura, con fuerte viento, frío intenso, trabajo arduo fijando la ruta a medida que ascendían, y algunos pasajes técnicos en condiciones complicadas. Sin embargo, los cinco miembros de la expedición que habían salido hacia las 430am del Campo 3, han culminado con éxito la ascensión. Seguidamente, han regresado al Campo Base con notable rapidez.

El resto de miembros de la expedición se encuentran en el Campo Base y esperan una oportunidad, si las condiciones meteorológicas lo permiten, para intentar también escalar la montaña antes del final de la expedición. En cuanto a Alex, el plan es trasladarse al Everest, el objetivo final de la expedición Road to Himalayas, al comienzo de febrero. Allí, intentará la escalada al Everest en invierno, sin oxígeno artificial, por la ruta del Collado Sur.


19/01/2020 El equipo toma posiciones al pie del Ama Dablam y hace planes de escalada

Alex Txikon y su numeroso equipo se han instalado en el Camp Base del Ama Dablam y ya planean la escalada de esta impresionante montaña de 6.848 metros de altura. Los miembros de la expedición alcanzaron el Campo Base, a 4.600 metros de altitud, el pasado día 16, tras seis magníficos días de trekking, cruzándose con muy pocas personas, sin problemas de salud de ningún componente del equipo y unas condiciones meteorológicas muy buenas, aunque este año, a diferencia de las dos ocasiones en que el alpinista vizcaíno visitó el valle del Khumbu en invierno, esta vez han pisado nieve desde la salida de Namche Bazaar, la capital de los Sherpas, a 3.400 metros.

En este sentido, destaca Alex, hay que destacar el meritorio papel de Jesús, José y Alejandro, los tres chicos discapacitados pertenecientes a la asociación Amiab y sus monitores, que todavía están acompañando al resto de la expedición en el Campo Base del Ama Dablam, pero que el próximo día 23 esperan llegar a Gorak Shep, a 5.100 metros de altura.

La presencia de nieve ha permitido a Alex aplicar las lecciones aprendidas el invierno pasado en el K2 y, en sólo cuatro horas, construir un Iglú. “Se podría decir que somos ya expertos en construir iglús,” comentaba Txikon, para quien el año pasado estas construcciones de hielo supusieron un gran descubrimiento, ya que mantienen una temperatura muy superior a la de una tienda, aíslan del ruido y permiten conciliar mejor el sueño, lo que luego se traduce en enfrentarse a la escalada en mejores condiciones físicas. “No es nada sencillo levantarlos, pero merece la pena,” explicaba Alex. “Mientras algunos de nuestros compañeros pasaban frío al caer la noche, dentro del iglú la temperatura se mantuvo contante a -2ºC.” Por lo demás, el Campo Base está perfectamente instalado y organizado gracias a 7 Summit Treks, la agencia Nepalesa que se encarga de la logística de la expedición.

En cuanto a los planes inmediatos de los escaladores, el lunes día 20 se llevará a cabo la Puya, u ofrenda a los dioses de la montaña, y que supone el comienzo oficial de la escalada, aunque esta tendrá que esperar un día porque el martes de espera un empeoramiento del tiempo. “Casualmente el día 20 hará dos años que hicimos cumbre en el Pumori,” recuerda Alex. “En esta ocasión, tenemos muchos días por delante y la montaña se encuentra en condiciones excelentes.” Algunos miembros del equipo ya han explorado la ruta hasta el Campo 1 y, si el miércoles las condiciones meteorológicas mejoran tal y como está previsto, todos subirán a dormir al Campo 1 y, de ahí, “para arriba,” según comentan, sin dar detalles de la cota que prevén alcanzar. En todo caso, según las fechas previstas por el líder de la expedición, deberían completar la escalada en los próximos 12 días, antes de fin de mes.

La experiencia está siendo especialmente intensa para Ramón Portilla, pionero del himalayismo español, que ya había intentado el Ama Dablam hace 23 años (escalaba solo y se quedó a cien metros de la cumbre) y se unió a la expedición en el último momento. “Ramón no me creía cuando le decía que, durante el trekking, a veces es posible ir en camiseta en pleno invierno Himaláyico,” dijo Alex. “Ahora sí me cree, y también empieza a creer que, realmente, esta vez va a escalar el Ama Dablam. Desde luego, ahí estaremos todos los miembros del equipo, para apoyarle sin dudar. De hecho, el ambiente de la expedición es muy bueno.”

Lo cierto es que el grupo que escalará el Ama Dablam es muy numeroso (Oscar Cardo y Jonatan García, que también intentarán el Everest, Ramón Portilla, Félix Criado, Sergio Pérez, Francisco Miguel Fernández, Alejandro Albacete, David Javega, Jesús Morales, José Manuel Zapata y Francisco Hurtado, más los nepaleses Pasang Sherpa y Chhepal Sherpa) y para el veterano Portilla fue algo chocante al principio. “Ahora, en cambio, está encantado, sobre todo con los chavales de Amiab, de los que no se separa en todo el día,” afirma Alex. “Somos un grupo muy grande, pero el ambiente de armonía es tan gratificante… Esperamos seguir disfrutando de cada momento como lo hemos hecho desde que nos reunimos todos en Katmandú hace diez días.”

Fotos: Álvaro Sanz. https://www.expedicionpolar.com/


20/01/2020 Alex Txikon llega al Campo 2 en el Ama Dablam – Los chicos de Amiab triunfan en el Kala Pattar

Esta mañana han llegado buenas noticias desde los dos grupos pertenecientes a la expedición Road to Himalayas, liderada por Alex Txikon.

Por un lado, el grupo de trekking compuesto por los montañeros con discapacidad de la asociación Amiab Juan Alejandro Martínez, José Urbano y Jesús Bermúdez, junto a sus monitores, han conseguido llegar hoy no sólo a Gorak Shep, cumpliendo así con el reto de superar los 5.000 metros de altitud, sino que después han ascendido el Kala Pattar, ¡a 5,300m.! Este mirador es, en realidad, un hombro o contrafuerte del Pumori, ubicado estratégicamente frente al grupo Everest-Lhotse- Nuptse y que por tanto ofrece una panorámica inigualable de las tres cumbres que, por ejemplo, no son visibles desde el Campo base del Everest.

El momento ha sido muy emocionante. Los chicos están todos bien y como locos de alegría, según Ignacio de Zuloaga, que decidió en el último momento dejar el Campo base del Ama Dablam y acompañarlos junto a los cuatro monitores y Oscar Cardo. “Ahora dicen que quieren subir también al Pumori,” comentaba Ignacio.

Mientras, en el Ama Dablam Alex Txikon, Joanatan García, Félix Criado y Cheppal Sherpa, salieron finalmente ayer hacia el Campo 1 a pesar de un viento fortísimo que, según Alex, literalmente les tiró al suelo en alguna ocasión (él calcula que llegó a los 100km/h). Al llegar a dicho Campo, a 5.400 metros, descubrieron que el viento también se ha llevado tres tiendas y parte del equipo que otros miembros del equipo habían depositado el pasado domingo. "Dura noche," ha transmitido el vizcaíno vía satélite. Pese a todo, esta mañana Cheppal y él han seguido subiendo para fijar la ruta y portear material hasta el Campo 2, a 5.900m. Cada uno iba cargado con dos bobinas de cuerda para ir equipando la ruta a medida que escalaban por la pared de mixto y roca. Según las últimas noticias, Jonatan se había quedado en la tienda del C1 y Félix pensaba regresar al Campo Base. En todo caso, estos detalles en ocasiones pueden no ser definitivos a porque a veces algunos de los mensajes parecen llegarnos con cierto retraso.


14/01/2020 Crónica antártica de Juanra Madariaga

Algunos viajes nunca terminan, es como si una línea infinita de paisajes y sonidos se desplazara frente a tus ojos, componiendo una película que alguna hubieras visto, pero que sabes con seguridad que nunca la has vivido.

Algo así ha sido la expedición que hemos realizado en la Antártida, es continente que tiene todos los parámetros de un espacio ausente, deshabitado, silencioso, donde el mar abraza bloques de hielo errantes, caídos de paredes que un día cubrieron montañas que queremos escalar.

Todo comenzó en las Islas Falkland o Malvinas. Una tierra plana, con pequeñas elevaciones que sustentaron puestos de combate que sucumbieron al fuego de todos los enemigos. Las guerras son así, simplemente nadie gana y muchos pierden.

Unos días por aquellos desolados parajes non advierten que el frio, las nieblas, el mal tiempo y una fauna extrañamente encantadora van a ser los protagonistas de nuestros próximos días. Ypake es el nombre del barco de tres toneladas que vamos a habitar durante un mes. Está amarrado en Port Stanley desde donde partiremos en una travesía de casi 900 millas hasta la Península Antártica. Eso fue a mediados de diciembre. Una mañana de viento suave dirigimos la proa hacia el sur. El sur era nuestro objetivo, todo el sur.

Esos días de inusual calma (después de vomitar sin ganas) comenzamos a aprender los nombres de todos las aves que planeaban a velocidades increíbles junto a nuestro velero: petrel gigante, petrel negro, albatros de ceja negra, albatros real, paiño, petrel damero, etc, etc. Los días fueron fluyendo con el mismo ritmo de las corrientes que de la misma manera que nos empujaban hacían detenernos por su embate. El mar siempre está en perpetuum mobile y ofrece en lucha constante, dura.

Una mañana, muy pronto, apenas la luz gris tomaba otra claridad, avistamos tierra. Nos sentimos marineros ancestrales; eran las Islas Melchior, un cumulo de pequeñas porciones de tierra tapadas de hielo. Llegamos con entusiasmo, alucinados por el entorno casi irreal. Preparamos nuestros trastos y comenzamos a escalar el hielo y a esquiar en aquella nieve. Fue como repetir un sueño que teníamos escondido. Esa noche celebramos la Nochebuena.

Los días siguientes fueron increíbles. Navegamos por el Estrecho de Gerlache hasta la bahía Orne donde atracamos para realizar nuestra primera escalada importante. Las líneas las traíamos desde casa bien miradas, pero aquello era real y estaba delante de nuestros ojos. Como la noche no existe, el tiempo era insignificante. En la tarde no dirigimos hacia el Spigot Peak, una pequeña atalaya sobre el Gerlache. Los pingüinos barbijo nos acompañaron parte del trayecto desde donde vimos navegar nuestras primeras ballenas en perfecta coreografía. El espectáculo iba in crescendo. Un atardecer sin trampas nos dejó en la cumbre. Eran casi las diez de la noche…pero de qué noche?

Después de ese día tan fabuloso, la madrugada nos despertó con un peligro que no conocíamos. Los vientos del oeste habían introducido en la bahía una buena cantidad de icebergs que comenzaban a amenazar el barco. Los más pequeños (tipo vagon de tren, coches, furgonetas, lavadoras,…) rozaban el casco produciendo un sonido casi claustrofóbico. Era como si quisieran oprimir su estructura. A las cuatro de la mañana estábamos peleándonos con los más pequeños, pero a priori sabíamos era una batalla inútil, de gran riesgo para nosotros, pues si caemos al mar apenas disponemos de un par de minutos para salir. La vida se hiela aquí en un espasmo de tiempo. Esta amenaza nos hizo salir pitando de la zona, perdiendo la posibilidad de escalar nuestra primera línea. En fin, teníamos más en el bolsillo.

Esa misma tarde llegamos a la Isla Cuverville. Atracamos en su regazo desde donde veíamos como un imán lleno de atractivo la montaña denominada Wild Spur (1.057m). La línea surgió en nuestras mentes y fuimos a la montaña para poder pintarla. Tras 18 horas de agotador ataque nos recogía de nuevo el capitán Ezequiel en la playa de piedras que nos había dejado hace ya unas buenas horas. Habíamos trazado una línea por su arista oeste: Lorezuri. Hicimos cima más tarde de las 10:00 y regresábamos casi a las 05:00 de la mañana, pero que importa aquí si el tiempo que no te delimita. Fue una ascensión de esas que sueñas por un lugar que nadie antes había pisado.

Días después atracamos en Dorian Bay, cerca de Port Lockroy, un lugar con un paisaje hermosísimo, lleno de montañas que incitan su ascensión. Una de ellas es Jabet Peak, donde realizamos un descenso de esquís superbueno. Desde su cumbre contemplamos nuestro siguiente objetivo, Wheat Peak. No nos decidimos por la ruta ya que todas poseían unos enormes hongos en su salida que nos impedirían llegar a la cima. El riesgo a asumir era alto; las avalanchas que había en el suelo nos informaban ya de los posibles derrumbes. Nos decidimos por un corredor más abierto en su parte izquierda para acceder a una de sus cumbres secundarias. Después de unas horas sobre nuestros esquís llegamos a la base, parecía más fácil de lo normal, pero cuando llegábamos a nuestro segundo largo nos dimos cuenta de que aquel territorio era más duro de lo concebido. Tras 11 largos en una pendiente fuerte llegamos al hongo de salida. Sin darnos casi cuenta el tiempo había cambiado radicalmente y la nevada se hacía presente desde ya hacía varias horas. El frio era intensísimo cuando mire aquél hongo de salida demasiado vertical que apenas se dejaba ver entre la niebla, con un hielo hueco, podrido que no me permitía clavar bien mis herramientas. Un par de sustos y la sensación de que estábamos a la hora equivocada en el sitio equivocado nos hizo detenernos para poner en la balanza todo lo que teníamos que disputar. No veíamos donde estábamos y no sabíamos dónde íbamos. La razón nos ayudó a preparar el primer rapel. Hicimos unos cuantos más antes de tocar el suelo de nuevo, ya aliviados. La línea estaba trazada, pero sin cumbre: Lan eta ekin. Quizás otro año?

Unos días después comenzábamos la travesía hacia el norte, hacia Ushuaia. El mar nos puso esta vez a prueba y vientos de más de 60 nudos con olas cercanas a los 8 metros nos convirtieron definitivamente en hombres de tierra. El mar es otra dimensión, otro universo de latitudes y longitudes incomprensibles, donde la naturaleza no sabe de humanidades.

Puerto Wiliams nos recibió después de 6 días de mar y de pasar por el Cabo de Hornos con una tranquilidad que nos puso muy-muy felices.

La vuelta estaba tocando a su fin, y si mirábamos hacia atrás, la estela del barco Ypake señalaba una tierra que nos había hecho más pequeños, menos importantes, más esenciales quizás, y que jamás, de ninguna manera, llegaremos a descubrir realmente: la Antártida.

Por: Juanra Madariaga (https://www.instagram.com/jrmadari/)

Foto: Diego Martínez


20/12/2019 Mar gruesa, carreteras y viejos amigos en nuevos proyectos

Después de dos días recorriendo las playas barridas por el viento y las colonias de pingüinos de las Islas Malvinas (Falkland), Alex Txikon y su equipo zarparon de Port Stanley el martes a bordo de un velero de 60 pies de eslora y 4 metros de manga, con rumbo Sur. El barco, capitaneado por Ezequiel Sundblad y su hijo Santi, navega a vela siempre que es posible, a unos 6 nudos de media, rodeado de delfines, albatros y el océano oscuro cuya temperatura ronda los 4ºC.

Los primeros dos días el mar y el viento estuvieron en calma, algo inusual en esta zona. La situación ha cambiado, sin embargo, o hace unas horas cuando, flanqueando el Cabo de Hornos, se han internado en el Pasaje de Drake, el paso más al sur entre los océanos Pacífico Atlántico, y conocido por los marinos de todo el mundo por sus frecuentes tormentas. Se trata del área del océano que separa ese punto de las Shetland del Sur, y que también se conoce como Pasaje o Mar de Hoces, en honor de su descubridor Francisco de Hoces, que lo descubrió setenta años antes de la travesía del corsario británico Sir Francis Drake. Los expedicionarios apenas han podido enviar unas líneas reconociendo que el mar “les está dando caña” y que los mareos empiezan a hacerse notar.

Nuevos fichajes para el Ama Dablam invernal

Entretanto, en España, el madrileño Ramón Portilla confirmaba ayer que ha decidido unirse al equipo de Alex en su ascensión al Ama Dablam invernal. Portilla es un referente del alpinismo y los deportes de aventura desde los años setenta y uno de los pioneros de la serie “Al Filo de lo Imposible”, de la que participó como especialista en más de 60 episodios. También fue el primer español que ascendió la cumbre más alta de cada continente. Tiene en su haber la cima de cuatro “ochomiles” y ha intentado tres más pero, sobre todo, su afán se centra en buscar y escalar las montañas más bellas del planeta. Lógicamente, no ha querido dejar pasar la ocasión de regresar al impresionante Ama Dablam, 23 años después de su primera tentativa.

Por su parte, Alex ha mostrado su entusiasmo por la noticia vía satélite, desde el velero: “Me hace especial ilusión que se una a nosotros,” ha dicho. “Es una bellísima persona, con el que vamos a disfrutar cada paso, y nos va a enseñar muchísimo de la montaña y de la vida.” Txikon comentó además que, cuando Ramón le llamó para preguntar sobre la expedición, a Alex se le “encendió la bombilla” y le invitó de inmediato. “Además, yo no sabía que en un intento anterior se había quedado a 100 metros de la cumbre,” comentó el alpinista vizcaíno. Portilla, por su parte, publicó ayer en redes sociales que no tenía pensado volver al Ama Dablam, que en temporada habitual de escalada suele estar masificado. “Pero cuando me enteré de que Alex Txikon y su equipo iban a ir este invierno para aclimatar antes del Everest, no me he podido resistir y aunque como siempre no es el mejor momento, me voy con ellos,” escribió.

El equipo que escalará el Ama Dablam también incluye a Oscar Cardo y Jonatan García (que luego intentarán el Everest junto a Txikon), Sergio Pérez, Francisco Miguel Fernández, Alejandro Albacete, David Javega, Jesús Morales, José Manuel Zapata y Francisco Hurtado y los nepaleses Pasang Sherpa y Chhepal Sherpa, así como a Félix Criado e Íñigo Gutiérrez, que actualmente se dirigen por carretera hacia el punto de encuentro, acompañados en el vehículo por Iker Mediavilla y Paqui Visedo. Según su RaceTracker, que localiza en directo a ambos grupos desde la web de Alex Txikon, hoy tenían previsto abandonar Bulgaria y adentrarse en Turquía. Por uno u otro medio, todos se reunirán en Katmandú, capital de Nepal, el próximo 9 de enero.

Foto: Diego Martínez


31/12/2019 El fin de año antártico de Alex Txikon - los viajeros se aproximan a Islamabad

Alex Txikon, Juanra Madariaga, el fotógrafo Diego García y el resto de miembros de la expedición se preparan para celebrar la Nochevieja en la Península Antártica. En los últimos días han navegado bordeando algunas de las islas que forman las Shetland del Sur y han realizado al menos dos ascensiones en la zona. De la primera, tenemos una breve nota enviada vía satélite, en la que Alex afirmaba que fue una nueva ruta en estilo alpino a una montaña tal vez inescalada. De la segunda, realizad en la pequeña isla de Lockroy, solo tenemos constancia por el sistema de geolocalización que lleva consigo Txikon.

Aunque la comunicación con el equipo es muy escasa, pronto esperamos noticias, imágenes y detalles de las ascensiones, ya que en cuatro o cinco días el equipo espera regresar a Puerto Williams, en Chile, y de ahí tomar una barcaza a Usuaia, para tomar su vuelo internacional de vuelta a España.

Entretanto, el equipo que viaja por carretera hacia Nepal está viviendo una aventura apasionante. Con 10.485km recorridos y tras cruzar Europa sin contratiempos, una cuestión administrativa les retrasó casi dos días entre Turquía e Irán. A cambio, cuando al fin consiguieron entrar en Irán, se encontraron con un país fascinante. “Allí donde vamos nos tocan la bocina, nos dan puñados de pistachos y nos regalan sonrisas una y otra vez,” comentaba Paqui Vicedo, conductora de apoyo junto a Iker Mediavilla. “Es increíble lo pobres que son con los recursos que tienen: ¡el litro de gasoil cuesta 0,045€!” El 30 de diciembre cruzaron otra frontera, la de Pakistán. En su último mensaje hasta el momento, el 30 de diciembre, viajaban escoltados por la zona de Baluchistán, cerca de la frontera con Afganistán, confiando en llegar a Quetta el 30 de diciembre y , uno o dos días más tarde, alcanzar la capital del país, Islamabad.

Foto: Diego Martínez


05/01/2020 Los expedicionarios entregan ayuda humanitaria para la aldea de Askole

El equipo de la expedición Road to Himalayas que estos días recorre por carretera el trayecto desde España a Nepal, ha cumplido uno de sus principales objetivos: esta mañana Félix Criado, Íñigo Gutiérrez, Paqui Vicedo e Iker Mediavilla han entregado 100 paneles solares conectados a bombillas de bajo consumo y 10 hornos solares, que se distribuirán entre las familias de Askole, en Baltistán. Los paneles han sido donados por la Fundación EKI y los hornos, fabricados y probados por alumnos de secundaria del Instituto Público de Arrasate/Mondragón, con la colaboración del Ente Vasco de la Energía (EVE). Toda la operación ha sido coordinada por el proyecto AWARE, que además ha formado en el uso de estos materiales a la persona que se ha hecho cargo de ellos: Muhammad Ali, el profesor de la escuela de Askole, que ahora deberá regresar a su aldea a través de la peligrosa Karakorum Highway. Finalmente, los miembros del equipo no podrán llegar a Askole ellos mismos por falta de tiempo (es un viaje de más de 30 horas) y los riesgos intrínsecos de circular por esa carretera que discurre sobre precipicios en gran parte del recorrido y que, sobre todo en invierno, sufre constantes cortes por desprendimientos. De hecho, los conductores tienen apenas unos días para llegar a Katmandú, la capital de Nepal, donde se reunirán con Alex Txikon y el resto del equipo para emprender juntos el camino hacia el Ama Dablam. La ubicación del equipo en el vehículo --un Isuzu 2.5TD Twin Turbo-- se puede seguir a tiempo real a través de RaceTracker, en la web de Alex Txikon.

La aldea de Askole es bien conocida por las expediciones de alpinismo y trekking, ya que es el último punto accesible en vehículo antes de adentrarse a pie en el valle y glaciar de Baltoro, en el corazón del Karakorum, donde se elevan cuatro de las catorce montañas de más de ocho mil metros de la tierra y, entre ellas, la segunda más alta y tal vez la más mítica: el K2, de 8.611 metros. Sin embargo, pese a su fama, Askole es la comunidad menos desarrollada del distrito de Shigar. Con un entorno demasiado árido para prosperar con la agricultura o el ganado, la mayoría de sus 850 habitantes solo pueden aspirar a trabajar como porteadores para las expediciones internacionales, pero carecen de formación especializada con la que aprovechar el auge del turismo de aventura. La asociación sin ánimo de lucro AWARE tiene en marcha proyectos para formar a sus habitantes, promover el turismo sostenible en la zona y mejorar la vida de la comunidad.


17/01/2020 Alex Txikon parte hoy hacia el Himalaya

Apenas 48 horas después de regresar de un viaje que ha combinado navegación y escalada en la Península Antártica, Alex Txikon vuelve a partir, esta vez rumbo a Nepal, donde se desarrollará la segunda parte de la expedición Road to Himalayas, en la que escalará el Ama Dablam y el Everest en temporada invernal.

En Katmandú, Txikon se reunirá con el resto del equipo expedicionario que escalará con él el Ama Dablam, y que incluye a himalayistas expertos como Oscar Cardo y Jonatan García (que también intentarán el Everest), Ramón Portilla, Sergio Pérez, Francisco Miguel Fernández, Alejandro Albacete, David Javega, Jesús Morales, José Manuel Zapata y Francisco Hurtado, los nepaleses Pasang Sherpa y Chhepal Sherpa, y también Félix Criado e Íñigo Gutiérrez. Estos dos ultimos alpinistas salieron de España en coche junto a Paqui Vicedo e Iker Mediavilla y, según su geolocalización a través de raceTracker (y que se puede seguir en directo a través de la web de Alex: http://www.alextxikon.com ), ya se encuentran en Nepal y deberían llegar a Katmandu hoy, justo a tiempo para la reunión del equipo, tras casi 13,000 kilómetros y doce países recorridos.

Durante el trekking de aproximación, además, irán acompañados por Juan Alejandro Martínez, José Urbano y Jesús Bermúdez, tres jóvenes montañeros con discapacidad y miembros de la asociación Amiab que, junto con sus monitores (Alberto Pastor, Laura Maranchón, Fabrizio Terrazas y Javier Palacios) y el fotógrafo Álvaro Sanz, esperan recorrer todo el valle del Khumbu hasta el Campo Base del Everest, ubicado a 5,300 metros, en pleno invierno.

Respecto a la reciente expedición de Alex a la Antártida, en la que recorrió a vela las islas de la Península Antártica, se enfrentó a un temporal en el Pasaje de Drake y abrió dos nuevas rutas, pronto tendremos más detalles disponibles. Mientras, os invitamos a seguir los “diarios Antárticos” en las redes sociales del alpinista


10/01/2020 El Isuzu de la expedición llega a Katmandu

Félix Criado, Íñigo Gutiérrez, Paqui Vicedo e Iker Mediavilla descansan en un hotel de Kathmandú. No es sorprendente que estén fatigados después de completar en coche el trayecto desde España, a lo largo de 14.453km, 30 días, 12 países y una experiencia irrepetible.

Han llegado justo a tiempo para unirse, el diez de enero, a la expedición de Alex Txikon que en unos días intentará ascender el Ama Dablam (6.848m) en pleno invierno himaláyico. Sin embargo, en algunos momentos llegaron a pensar que no lo conseguirían, ya que la expedición se ha enfrentado a algunos contratiempos serios. El principal, cuando les denegaron la entrada a Irán porque el Isuzu que conducían estaba a nombre de una empresa y no en el de uno de ellos. Perdieron días y casi mil kilómetros buscando en Turquía una ciudad con consulado donde obtener un documento acreditativo. Ya en el país persa, tuvieron que recurrir a la amabilidad de los locales para repostar, porque el combustible no se puede pagar en efectivo, sino canjearlo con una tarjeta. “Solucionado ese aspecto, nos las prometíamos muy felices, pero entonces llegó Pakistán,” dice Iker.

“Allí – continúa -- tuvimos que atravesar Baluchistán, donde los extranjeros corren el riesgo de ser secuestrados y nos hicieron ir siempre acompañados por un vehículo de escolta.”

“El problema es que las escoltas circulaban lentísimas, a 20 o 30 kilómetros por hora, para ahorrar combustible, y que se turnaban cada pocos kilómetros, por lo que teníamos que esperar continuamente,” añade Félix. “Eso, junto a un cambio de ruta, y ver que los días pasaban, fue psicológicamente muy duro.” Tampoco ayudó la imposibilidad de encontrar una tarjeta SIM que les permitiera la conexión a internet y, con ella, acceder a información sobre el tráfico, hoteles, usar el traductor para entenderse con los locales, que normalmente no hablan inglés, etc.

El equipo esperaba llegar a Islamabad el 28 de diciembre pero no alcanzó la capital de Pakistán hasta el 5 de enero. Por ello, desde ese momento se autoimpusieron una rutina durísima de conducir, comer, dormir y volver a conducir, siempre por turnos al volante, sin pausa ni desvíos. “No hemos visto nada de Pakistán ni de India, íbamos como transportistas.” lamentan.

Otro problema han sido dos reventones de rueda, uno de ellos en autopista, el estrés hasta que encontraron ruedas de repuesto, y la conducción en algunos tramos. “Sobre todo en India: ahí la gente conduce de manera temeraria, y las carreteras están en muy mal estado, por lo que circular, sobre todo de noche, era tremendo,” dice Félix. “Percances por suerte no hemos tenido, pero sustos, sustos hemos tenido unos cuantos.”

Otra experiencia ha sido la gestión del equipo, tras tantos días encerrados en el vehículo y sin parar. “Hemos ido discutiendo por turnos: Yo con Íñigo, él con Paqui, Paqui con Félix, hasta completar todas las combinaciones,” bromea Iker. “Eso, en realidad, ha sido lo bueno: que cuando ha habido problemas lo hemos discutido, hemos celebrado reuniones de equipo cuando alguien se ha sentido mal, y hemos terminado un viaje que empezamos sin conocernos, siendo grandes amigos.”

“Si gestionar el equipo ha sido lo mejor, o más importante del viaje ha sido poder entregar la ayuda humanitaria en Islamabad a Alí, el maestro de Askole, y así intentar mejorar un poco la vida de esta comunidad,” asegura Félix.

Además, la tonelada que pesan los hornos solares (fabricados con apoyo del Ente Vasco de la Energía), paneles solares con bombillas de bajo consumo (donadas por la fundación EKI), el material escolar y ropa de abrigo recogidas por Asociación de Montañeros Independientes de la Coruña, un cargamento de comida para la expedición, más el material de escalada recogido en Pakistan y procedente de la anterior expedición de Alex Txikon, han ahorrado al medio ambiente aproximadamente 3.755 kg de CO2, comparado con la huella de carbono que habría tenido transportar todo eso en avión.

“Es que lo mejor es la gente que hemos encontrado,” aseguran todos. En concreto, guardan un recuerdo especialmente bueno de Irán, donde han encontrado un pueblo extraordinariamente amable y hospitalario. “Lo que dicen las noticias, lo que nos cuentan de esos países… es erróneo,” asegura Félix. “Yo me he dado cuenta de que tenía prejuicios, que creía que no los tenía, y he aprendido que estaba equivocado,” reconoce Iker. “Nadie nos ha puesto una mala cara, nos han dado lo que han podido, incluso gente viviendo en condiciones muy difíciles, y eso nos ha impactado y nos ha alegrado aún más poder dar algo de ayuda a nuestro paso.” A Paqui solo le ha entristecido comprobar la situación de las mujeres en Pakistán, a las que no ha visto ni por la calle. “Bueno, también hay gente mala en todas partes,” tercia Íñigo. “Pero ahí está ese aprendizaje que te da viajar y te ayuda a ver de quien te puedes fiar y a quien es mejor tratar de evitar; es también parte de la aventura.”

En cuanto a si repetirían la aventura o la recomendarían, ninguno lo duda, pero todos apuntan a una condición: “hay que ir con más tiempo que nosotros, para ver más cosas, empaparse más del viaje, y no tener el estrés de una fecha límite.” Como apunta Fékix: “Pero incluso si las condiciones no son las mejores, viajar es la mejor lección de vida que se puede tener: ¡hay que viajar siempre!”

Hablando de viajes, ahora lo que todos necesitan es ejercitar las piernas tras un mes conduciendo y disfrutar de espacios abiertos y silenciosos. La mala noticia es que Íñigo no ha podido conseguir el dinero necesario para el permiso de ascensión, y no podrá cumplir su sueño de escalar el Ama Dablam. “Bueno,” se resigna. ”Al menos podré disfrutar del trekking.” Iker y Paqui también le acompañarán en esta parte de su aventura cuando lleguen al Camp Base, tras despedir a Félix, regresarán los tres a casa, esta vez en avión, pero con billete sólo de ida.